Todos los sábados, después de cenar, mi abuelo se acercaba a la chimenea, encendía su pipa y al cabo de su tercera pitada me invitaba al fogón para contarme un cuento. Yo cerraba mis ojos y sus palabras se transformaban en imágenes…
Herminio Barreras, futbolista, nueve de área, gran cabeceador, buen control de balón, físico privilegiado, siempre bien ubicado en el campo rival, astuto, veloz, 137 partidos jugados todos con la camiseta de Huracán, tres amarillas, seiscientas tres pelotas reventadas en los postes, mas de mil “¡UHHH!” gritados y un promedio de gol de 0,0072993 por partido. A pesar de su bajo promedio Herminio dejó su sello en la historia del futbol argentino.
Un domingo caluroso del año 1937 en la última fecha del campeonato, Huracán y San Lamento llegaban al final del torneo con posibilidades de obtener el título y sin ninguna diferencia de puntos entre sí. Salen los equipos a la cancha y el Ducó estalla al grito de “BAAAARREEEEERAS, BAAAAAARREEEEERAS”. El árbitro da inicio al encuentro y comienza la final.
A los quince del primer tiempo el centro forward quemero lanza su primer remate que revienta el travesaño, el primer “uuuuuhh” se hace sentir en la tribuna local, comienza la lluvia, el nivel de juego decae hasta que a los cuarenta y cinco minutos tras un centro perfecto del win izquierdo impacta en la cabeza de Herminio y sale apenas desviado. Final del primer tiempo. Un entre tiempo lleno de comentarios, ¿fue orsai o no? “el fullback debió salir a atorarlo mucho antes”. El árbitro da comienzo a la segunda parte del match, un plateísta colgado del alambrado grita “ARRIBA LO FOWAR”, la lluvia se hace más intensa y para colmo el globo no la ve ni cuadrada, pasan los minutos, el rival se hace cargo de la pelota, está mucho mejor, los locales se la juegan de contragolpe, corren los wines como locos, lo ven bien ubicado al nueve, pase en profundidad, quedan cinco minutos para el final, Herminio corre y corre, es una tromba, se cae al piso, mueca de dolor, pide el cambio. Estadio enmudecido. Barreras con los ojos llenos de lágrimas y rengueando sale de la cancha, el globo agota su último cambio. Se reanuda el juego, tiempo adicionado, el arquero local mete un zapatazo impresionante esperando el milagro, el esférico se dirige hacia el banco de suplentes, impacta en la rodilla de Barreras y sale despedida hacia el arco contrario, todos miran al cielo, la pelota se pierde de vista por la intensa lluvia cuando de pronto cae y se mete en el arco. GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLLLLL!!!! GOLAZO DE HERMINIO BARRERAS. Final del partido. El globo campeón. La hinchada aplaude al centro forward quien alza la copa y anuncia su retiro.
Esta es la historia de Herminio Barreras, mi abuelo, el centro forward que siempre será recordado como el “Héroe de Parque de los Patricios”.
Moe.
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